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lunes, 17 de abril de 2017

Desarrollo tardío del lenguaje.



Los niños y niñas adquieren el desarrollo del lenguaje principalmente de su entorno social y familiar. Sin lugar a duda el lenguaje es de vital importancia, ya que es un puente de acceso a diversas e innumerables situaciones de aprendizaje.

Sin embargo, no todos los niños progresan de igual forma. Por lo tanto, podemos hablar de un “desarrollo tardío del lenguaje” cuando el niño(a) no está en disposición, a una edad determinada, de comprender y/o de expresarse por medio de palabras y de frases en relación con su edad cronológica. 
  

En estos niños y niñas la aparición del lenguaje es más tardía de lo habitual y se desarrolla lenta y desfasadamente con respecto a lo que cabe esperar en un niño(a) de su edad. Debe tenerse en cuenta que esta disfunción no tiene relación con la capacidad intelectual, ni con alteraciones motrices o sensoriales.

Es importante saber qué cosas son “esperables” y cuáles no en el desarrollo del habla y el lenguaje puede ayudar a entender si el niño presenta un desarrollo adecuado. Generalmente entre los 2 y 3 años, los padres suelen ser testigos de una gran explosión de vocabulario de sus hijos. El vocabulario debe aumentar a un ritmo en el que no se pueden contar las palabras y debe combinar, en forma cotidiana, tres o más palabras para formar oraciones. Así también notablemente se presentará un aumento en la comprensión.


¿En qué consiste la diferencia entre habla y lenguaje?

El habla es la expresión verbal del lenguaje e incluye la articulación (pronunciación), que es la manera en la que se forman las palabras. Cuando estamos frente a un “retraso del habla”, se refiere a una demora en la aparición de 6 a 10 meses con respecto a lo que se espera. 

El lenguaje es mucho más amplio y se toma en cuenta todo el sistema de expresión y de recepción de la información. Ya que consiste en comprender y ser comprendidos por medio de la comunicación verbal, no verbal y escrita. Cuando existe un retraso en la aparición de todos los niveles del lenguaje, que afecta sobre todo a la expresión. Aunque la comprensión, por lo general está menos afectada. 



¿Por qué sucede?

Los retrasos en el desarrollo del habla y del lenguaje, obedecen a muchas  causas. Algunos niños con retraso en el habla presentan problemas de motricidad en la boca, es decir, que se le dificulta usar la lengua, los labios y la mandíbula para emitir sonidos. Las dificultades auditivas también suelen estar relacionadas con los retrasos del habla. 

Los problemas de comunicación repercuten también en la relación: si las iniciativas lingüísticas del niño o de los padres no tienen una respuesta adaptada, pueden aparecer por ambas partes manifestaciones de frustración; en el niño(a) se puede notar inhibición, inestabilidad. 
El niño (a) hablará si su entorno se comunica con él, si observa los gestos, si comprende las palabras de la persona que le habla, y si puede hacer movimientos que induzcan a la palabra.

Es necesario comprender que el desarrollo del habla y del lenguaje va de la mano.  Por tanto un desarrollo tardío en el habla, tiene que ver cómo un niño está diciendo sus sonidos. Un retraso en el lenguaje es la dificultad en entender las palabras y su significado y además, una incapacidad de ponerlas juntas en frases. 










Es válido tomar en cuenta:

- Antes de los 6 meses: contacto visual, gestos, voltear la cabeza o llorar cuando se siente cansado, sonreír, reír.

- Entre 6 a 12 meses: balbuceos; logra unir varios sonidos del habla; reconoce la gente, responde a su nombre.

- Entre 12- 18 meses: es capaz de articular entre 10 a 50  o más palabras; seguir instrucciones simples, voltear páginas de un libro; responder a una pregunta señalando; agrupar los objetos en el juego (por ejemplo, todos los carros juntos).

- Entre 18- 24 meses: dos palabras puestas juntas (por ejemplo, “más agua”); nombrar y  mostrar partes del cuerpo; debería ser capaz de hacer (imitar) los sonidos de varios animales.

- Entre 24-36 meses: 50- 300 palabras o más; frases de 3 palabras; ser capaz de preguntar “por qué?”.  Además, el niño (a) debería ser capaz de comprender y utilizar algunas preposiciones.  Ejemplos de preposiciones: a, ante, bajo, con, de, en, entre, para, por… y otros más.

- Entre 3- 5 años: la mayor parte del lenguaje y de los sonidos deberían haber sido obtenidos en este punto.  A esta edad ya el niño (a) debería tener configurado su lenguaje de acuerdo con las normas gramaticales que caracterizan el lenguaje del adulto. 

Alexia Alfaro
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lunes, 5 de diciembre de 2016

Estimulando el lenguaje en niños


Cuando en la familia existe un ambiente estimulante y educativo que favorece el desarrollo lingüístico del niño estamos contribuyendo a proporcionarle un instrumento que le facilitará la adaptación social y su desarrollo personal.
En general, todos los niños requieren cierto grado de estimulación dentro del hogar para que el aprendizaje del lenguaje se realice.
Todos hemos observado en algún momento cómo disfrutan los niños imitando o copiando ademanes, expresiones y acciones, normalmente de sus padres o educadores, convirtiéndose éstos en sus modelos favoritos.
En el caso del lenguaje, la imitación produce un doble efecto positivo en el niño. Por un lado se oye hablar a sí mismo, lo cual lo ayuda a controlar sus emisiones y, por otro, escucha al adulto, que lo motiva a ajustar las palabras a un modelo que le permitirá corregir y mejorar su lenguaje poco a poco. De aquí la conveniencia de hablar con los niños con claridad, sin ceder demasiadas veces a la tentación de imitarlos, ya que si los pequeños escuchan continuamente un modelo erróneo igual al que ellos producen puede retrasarse la adquisición de un lenguaje correcto.
Ocurre lo mismo si tomamos sus defectos como una gracia, pues vamos a favorecer la tendencia en el niño o niña a repetirlo igual y a reforzarle de este modo una pronunciación defectuosa.
No es conveniente tampoco el uso continuado de diminutivos, el niño de corta edad tiende a omitir la primera parte de la palabra, por lo que puede llegar a hablar con una serie de “itos” que evidentemente dificultarán la comunicación. Las designaciones abreviadas y las onomatopeyas (guau – guau por perro) utilizadas como medio de nombrar objetos producen el mismo efecto, además de entorpecer el aprendizaje correcto de las palabras.




Escuchar y dejar hablar.
En el mundo acelerado y lleno de prisas en que vivimos resulta a veces difícil encontrar un rato para escuchar a nuestro hijo (a) y que nos cuente sus cosas. Este tiempo de dedicación es fundamental si queremos que el niño (a) utilice y desarrolle el lenguaje correctamente.

El niño no aprende sólo oyendo, necesita practicar y para ello tiene que establecer una interacción con el adulto. El cuento, la narración, el juego, la observación de escenas y dibujos, las visitas al zoológico, al aeropuerto, a una estación de tren son medios que se pueden y deben aprovechar, entre otros muchos, para propiciar la conversación. 


Fomentar un clima de afecto y seguridad:

El niño (a) necesita un equilibrio emocional para adaptar su conducta al medio en que se desarrolla. Sentirse querido y comprendido le proporcionará seguridad en sí mismo y el establecimiento de una disciplina justa, coherente y adecuada le será muy útil como guía y norma de su conducta. Si, además, se procuran evitar las causas que son capaces de originar frustraciones e inhibiciones en el niño (demasiada exigencia, censurar de forma habitual sus actuaciones y trabajos…), estaremos favoreciendo su progreso verbal.


Favorecer la fluidez verbal:

En el niño el lenguaje es un producto de su interrelación con los demás. Por tanto, el pequeño hablará cuando tenga necesidad de hacerlo y los padres pueden aprovechar y crear situaciones que lo favorezcan.

Posteriormente, es interesante favorecer con actividades diversas la fluidez en la expresión y la soltura en el habla.

La estimulación es fundamental desde edades muy tempranas.


En los dos primeros años: mover juguetes musicales, sonajeros, campanas cerca del niño para que comience a buscar la fuente sonora y relacione el ruido con el movimiento; hablarle desde diferentes lugares y posiciones; susurrarle al oído; cantarle canciones infantiles; variar el tono de voz atendiendo a situaciones concretas de alegría, decepción, enfado o sorpresa; nombrarle los objetos mientras se los señalamos; proporcionarle objetos sonoros que produzcan diferentes ruidos para que los hagan sonar; hacer onomatopeyas (cascos de un caballo, mugidos, ruidos de trenes, sirenas …); enseñarle las ilustraciones de los libros de cuentos y nombrarle los objetos que aparecen; hablarle de todo lo que lo rodea; y ponerle música variada y de diferentes ritmos.


De los dos a los cuatro años: describirle las acciones que realiza el protagonista en los cuentos; descubrir los sonidos al niño (rasgar, arrugar y cortar una hoja de papel, llenar con diversos materiales cada vez y apreciar las diferencias sonoras en un frasco de cristal, golpear sobre distintos objetos los cubiertos de cocina…); y emitir onomatopeyas para que el niño las identifique; seguir instrucciones verbales (cierra los ojos, levántate, lávate las manos).


De los cuatro a los seis años: entender cuentos leídos en voz alta, respondiendo a preguntas sencillas. Los cuentos aumentarán progresivamente en longitud y dificultad. Con los más pequeños se puede comenzar utilizando frases sencillas “El perro corría en el parque” ¿Qué hacía el perro? o “Pablo se comió dos bollos de pan” ¿Cuántos bollos de pan se comió Pablo?; identificar frases sin sentido y explicar por qué no lo tienen (el gato ladra), (el oso vuela) o (las hormigas hablan); resolver adivinanzas sencillas (¿qué tiene cuatro patas pero no puede caminar?); identificar sonidos producidos por el cuerpo (palmas, chasquidos con la lengua, saltos y otros) y del medio (puerta al abrirse y cerrarse, tubo con agua corriendo…); y nombrar objetos según una característica dada (que sea azul), (que tenga ruedas), o (que sea grande).


Estimular mediante canciones y cuentos


En mayor o menor medida, todos los padres y madres de forma natural y espontánea cantan canciones y cuentan cuentos a sus niños (as), sobre todo por el placer que reporta ese tiempo mágico de conexión y comunicación con los hijos.

Alexia Alfaro
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